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Los ácidos grasos saturados forman parte de las grasas de las que siempre hablamos en nuestro sitio, aunque lo que muchos no saben es que no todas son del mismo tipo, por eso resulta necesario clasificarlas para un mejor entendimiento y perfeccionamiento de la dieta.

Como un apronte al tema habrá que tomar en cuenta que las grasas de origen animal deben ser consideradas como “saturadas” versus las de origen vegetal.

Otra forma de ver esta clasificación es en torno al estado sólido en que permanecen los productos en temperatura ambiente, mientras que las menos saturadas estarán en estado líquido.

De entre los alimentos que encontramos más saturados está la carne de cerdo, le siguen el bovino y las aves – la excepción a la regla son los pescados, los cuales en su mayoría son ricos en ácidos grasos poliinsaturados.

La mantequilla, margarina, leche, sebo y queso deben tenerse en cuenta como alimentos de grasas saturadas, por lo que su consumo debe ser controlado.

La realidad de los alimentos que recién hemos comentado, respecto del porcentaje de grasas saturadas que posee es la siguiente:

  • Mantequilla 66%
  • Grasa de vaca 48%
  • Grasa de carne o cerdo 40%
  • Aceite de oliva 14%
  • Aceite de girasol 11%

La mención especial que podemos hacer al respecto es el aceite de coco, el que a pesar de tener un origen vegetal tiene nada menos que un 88% de ácidos grasos saturados.

Consecuencias del consumo de ácidos grasos saturadas

El consumo en exceso de este tipo de ácido se ha relacionado abiertamente con la generación de enfermedades cardiovasculares, a la vez que con el aumento del “colesterol malo” o colesterol LDL.

Lo sugerido por los profesionales es un 10% del aporte calórico necesario, ya que ingerir más podría conllevar a riesgos innecesarios en la salud.

La idea es que en vez de aumentar su consumo se reduzca o cambie por las de tipo “insaturadas”, pues con ello se reduce la cantidad de enfermedades que se pueden generar y también se mantiene controlado el “colesterol malo”.

Más allá de los riesgos, no se pueden eliminar las grasas saturadas del todo, pues tienen un rol que cumplir en el organismo. Se ha probado que éstas proporcionan energía, transportan vitaminas y protegen ciertos órganos.

Quizás uno de los riesgos más grandes que puede encontrarse en el consumo excesivo de ácidos grasos saturados sea el hecho de conducir a la obesidad, estado que se conjuga con varias enfermedades y se transforma en un factor de riesgo de enfermedades cardiovasculares y de otro tipo junto con el colesterol elevado.